Surquillo concentra una de las mayores cantidades de talleres de tapicería
de Lima. Si vives en el distrito, es probable que tengas dos o tres a pocas
cuadras, y eso cambia la pregunta: no es dónde retapizar, sino cómo llevar
el sofá hasta allá y cómo traerlo de vuelta. Un juego de sala no entra en un
taxi, y conseguir una camioneta por tu cuenta suele costar más tiempo y más
coordinación que el trabajo mismo.
Nosotros también tapizamos en taller: el cambio de tela, el refuerzo de la
espuma y la revisión de la estructura se hacen ahí, con el mueble
desarmado. La diferencia es que el traslado corre por nuestra cuenta. Vamos
a tu casa, vemos el mueble, eliges la tela con el catálogo delante y, si
cierras el trabajo, lo recogemos y te lo devolvemos ya tapizado.
Esa visita previa importa más de lo que parece. Ver el mueble en su sitio
nos dice cuánta luz recibe, con qué colores convive y cuánto uso tiene, y a
ti te evita elegir una tela por una foto en la pantalla. Del tiempo que toma
el trabajo hablamos al cotizar, cuando ya sabemos qué hay debajo de la tela
vieja.
Lo que sí hacemos dentro de tu casa, de principio a fin, es el lavado a
vapor con extracción, las fundas a medida y las cortinas. Si el mueble
todavía no necesita tela nueva, casi siempre conviene empezar por ahí: un
lavado a fondo cambia bastante el aspecto de un sofá y no requiere que salga
del departamento.